Dejarse la piel

El truco es pensarlo de manera literal, si dejarías la piel por conseguirlo, incluso, si únicamente acabas de planteártelo, te has vuelto el loco de la primera acepción de la RAE, exacto, un «molusco de carne comestible, pero dura, que se come guisado.» Tienes la fuerza para perseguir lo que quieras, pero si dejarías la piel…lo más seguro es que acabes en una cazuela.

Las ganas siempre piensan que hay que arriesgarse hasta el final, darlo todo, ¿la piel?, por supuesto, y los huesos y hasta el alma si es preciso. Pero cuando has dejado cada parte de lo que eres y no queda nada, desapareces. Si lo consigues, tendrás que buscar rápido otro objetivo que alcanzar, algo que te recuerde lo que parece que haces bien, apretar los dientes, luchar y lograr retos, pero sino, hay que empezar de cero.

Lo más difícil es saber hasta cuanto entregar, pero si eres un molusco, surcarás olas y olas hasta naufragar, y te darás cuenta entonces de haber llegado al tope. Es ahí, en la playa nublada, descalzo, con la mirada anhelando atardeceres que no llegan, donde hay que acordarse de quien eres, alguien que quería algo que no ha conseguido, seguro, pero también, la piel, los huesos y el alma que hacen de cualquiera ser quien es, sin necesidad de conseguir nada, con la paz y tranquilidad de saber que dejaría la piel si las ganas lo dicen, pero sobre todo, capaz de dejarse la piel por no entregarla más.

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