«El Dilema» de Zapatero

La Casa de América fue el lugar escogido para la presentación del libro «El Dilema, 600 días de vértigo» de ex-presidente José Luis Rodríguez Zapatero. Además, el ex-presidente afirmó durante el turno de palabra que tuvo que rechazar en tres ocasiones el rescate para España, ofrecido por el presidente del Banco Central Europeo y por la canciller alemana, Angela Merkel. También admitió su error al no llamar por su nombre a la crisis económica, y lo hizo por dos motivos, el primero por una razón subjetiva -para mantener el mensaje positivo- y la segunda porque en ese momento España aún se encontraba en crecimiento de la economía.

El dilema. 600 días de vértigo’, editado por Planeta, es una crónica minuciosa de la peor crisis económica vivida por España, contada por el que fue en su día el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero. El libro narra el día a día del último año y medio del ex-presidente al frente del gobierno, donde nos ofrece los detalles de su gestión, las razones de los recortes, el papel de las instituciones europeas, la actitud del resto de partidos… . 

Uno de los primeros temas fueron las medidas tomadas en su momento en relación con las tomadas por el gobierno popular a lo largo de estos dos últimos años. El ex-presidente afirmó que su gobierno no tocó la sanidad  en ningún momento, de hecho incrementamos la partida de sanidad hasta un 25% durante nuestra legislatura, las personas dependientes subieron hasta 700000. También se refirió a la educación donde no hubo recortes y el número de becas se multiplicó por dos en 2011, dejando el número de becarios en 400000. Otro tema que tocó fue las pensiones, con él las pensiones mínimas subieron un 26% e incluso en un 50% para aquellas personas con gente a su cargo. Por último, se elevó de 16000 a 70000 millones el fondo de reserva que luego serviría al actual gobierno para pagar por ejemplo las pagas extraordinarias.

Por otro lado, Zapatero no quiso entrar a valorar las afirmaciones que hizo su antiguo compañero y ex-ministro Pedro Solbes. Zapatero se ha limitado a expresar toda su gratitud a los ministros que estuvieron acompañándolo durante las dos legislaturas. «Es mi forma de entender el Gobierno de España, es mi manera de entender la lealtad del trabajo en equipo», expresó el ex-presidente.

Al final, fue preguntado por la actual situación del partido socialista y si veía débil a Pérez Rubalcaba para seguir liderando el PSOE. A esta pregunta Zapatero respondió:»Rubalcaba no necesita que le de consejos. Ha sido uno de mis principales colaboradores, ha ganado un congreso del partido, nadie duda de sus cualidades y siempre le daré mi apoyo»

Por último, el ex-presidente tuvo que contestar a la duda generada durante los últimos meses sobre la publicación de su libro. «He trabajado en este libro desde el cuarto o quinto mes tras mi salida de Moncloa, he tenido que revisar mucha información». «Dos años es el tiempo necesario para revisar toda la documentación y dar una buena información a los ciudadanos», así afirmaba Zapatero a la duda generada sobre la publicación del libro.

 Rubén Abal

Fotografía: Arturo Perpiñán y Laura Morato.

¿Nos fiamos de nosotros?

Barack Obama, en la Casa Blanca

La imagen internacional de la mayor superpotencia del mundo y sus aliados se halla cuestionada. En ese punto se encuentra la relación entre Estados Unidos y Europa tras las publicaciones de Edward Snowden, exempleado de la Agencia de Seguridad  Nacional, al periódico The Guardian.

Por una parte, la canciller alemana, Angela Merkel, acusa a Estados Unidos de ser espiada telefónicamente, junto a otros líderes mundiales, mediante el programa de vigilancia electrónica denominado PRISM, al que únicamente tiene aceso Estados Unidos y los miembros de la NSA, a los que se les acusa directamente de estas prácticas, mientras se cuestiona el conocimiento que Obama puede tener sobre esto.

Tras estos acontecimientos, la imagen internacional de las mayores potencias del mundo y de sus representantes políticos no pasa por su mejor momento. Los métodos de espionaje de Estados Unidos siempre han contado con la gran excusa, muchas veces no justificada, de servir al mundo como uno de los mayores sistemas de seguridad internacional, pero ahora, cuando se espía a los aliados a los que pretendían proteger, las escuchas internacionales no son respaldadas por la configuración del acuerdo entre naciones que protege los derechos humanos, entre los que se encuentran la preservación de la intimidad a la que el espionaje atenta.

Todas las partes, las que espiaron a los aliados y las que pudieron facilitar alguna información para que lo hicieran, plantean la idea de una política internacional turbia. En esa situación se encuentran los más de treinta países europeos espiados por Estados Unidos y que, liderados por Angela Merkel, se encuentran ante la decisión de condenar los hechos del gobierno de Obama o proteger las relaciones con los aliados americanos.

La crisis económica ha hecho que países como España, Portugal o Grecia se rindan a Alemania, que ha adquirido un importante poder sobre la Unión Europea. Estados Unidos sabe que Merkel dispone de cierto dominio sobre Europa y es quizá por esto por lo que podría haber decidido pinchar las comunicaciones para estar al tanto de todo lo que sucede en el Viejo Continente. ¿Desde cuándo los aliados se espían los unos a los otros? Esto es lo que seguramente se estén planteando la mayoría de los dirigentes políticos del mundo, por lo que se deduce que Estados Unidos desconfía y teme a Europa.

Es posible el comienzo de uan nueva guerra fría, sin fronteras y cada vez con más bandos. Cuando se pensaba que Europa era acosada por la inteligencia de espionaje estadounidense, la propia Agencia de Seguridad Nacional culpa a los servicios secretos españoles y franceses de ser ellos los responsables de la filtración de datos.

Merkel, aliada mayoritaria de Estados Unidos, y las demás potencias europeas, entre ellas España, deben afrontar estas sospechas con cierto distanciamiento. Lo lógico y bien sabido es que la desconfianza surge del miedo. Sin embargo, no resulta tan asequible encontrar una razón contundente para espiar millones de conversaciones de ciudadanos, gobernados por supuestos amigos.

La tensión que genera el porqué de las escuchas se ve ensanchada por cuatro meses de silencio desde el comienzo de las polémicas intrusiones estadounidenses. Aun así, la mayoría de los países europeos se resignan, desbordados, cuando parece que lo único que tienen claro es el temor por significarse, complicando así la situación.

Posiblemente, lo único claro sea que el espionaje norteamericano, acentuado por la duda sobre la procedencia de las escuchas, supone una muestra más de que hoy en día, y no solo en cuestiones internacionales, no nos fiamos ni de nosotros mismos.

Marina Gómez, Carlos Rodríguez, Scott Adams Spires y Laura Morato.